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lunes, 12 de mayo de 2014

25

Vieron que no escribí más? Bueno, me di cuenta que para mi cumpleaños no escribí nada, y yo siempre vengo y escribo cómo es este año, qué pinta tiene.

Les cuento, este año cumplí 25. Ajam, sí, todos dicen lo mismo, qué joven, estás en la flor de la vida, etc. Pero si vos te juntás con gente de tu edad y con gente más chica que vos...resulta que te sentís vieja. No vieja como que te vas a morir, vieja porque no tenés menos edad.

Si bien yo les había contado en un momento esta teoría que tenía Juanita de que a cierta edad empezabas a usar pulseras y a cierta edad te gustaba el jamón crudo, esas cosas que son un camino de ida, también ocurren otras que tienen menos explicación que las anteriores.

Ayer estaba sentada en una escalerita de la vereda de mi casa, esperando que mi amiga (Charo) me pase a buscar para ir a tomar el té con Caila. Y aquí presento ya como dos o tres situaciones de piba de 25.

Uno, estaba sentada en la escalerita y me pregunté si estaba bien que estuviera sentada ahí, porque parecía un lugar ya no digno para mí. Los niños que circulaban por la zona, subían y bajaban la escalerita, entusiasmados, y sus padres me miraban como si yo interrumpiera el paso a la felicidad de sus hijos. Yo estaba esperando ¿Debería esperar parada acaso? Al parecer sí. Porque yo toda la vida tuve eso de sentarme donde se me cantaba el hoyo, en las paradas, en las calles, en las iglesias, consultorios médicos, bondis, subtes, etc. Me siento, estoy cansada de sostener todo mi cuerpo haciendo nada. Me siento.

Pero por alguna razón, supongo que por la edad, sentándome en estos lugares estoy empezando a sentirme incómoda. Como si ya no perteneciera a ese círculo de la gente que se sienta donde quiere. Como que estás sentada ahí y sentís que estás haciendo algo incorrecto, como cuando vas y comprás una cajita feliz...no importa, podés hacerlo, nadie lo prohíbe, pero sentís cierta incomodidad adentro, como una pelusita en alguna arteria cercana al corazón, algo así.

La segunda situación, es que íbamos a tomar el té. O sea que nos decidimos a juntarnos para ir a tomar el té a una casa de té que yo no conozco. No es que nos juntamos el sábado en la noche a tomar birra y hablar de pibes o que yo fui a la casa de mi amiga y por la hora me preguntó si quería una chocolatada. No,nos juntamos en Bonafide, porque Caila se tardó en la peluquería tiñéndose. Porque ahora, tenemos edad de teñirnos. Y no alcanzamos a ir a otro lugar que a Bonafide. Y ahí nos sentamos a hablar de...política hasta te llegaría a decir.

Así de 25 años tenemos las tres. Una cosa de locos.

Y yo siento que de repente van pasando cosas que van acentuando que tengo esta edad. Como cuando salgo del trabajo y miro a todos los niños que salen de la secundaria, los miro y me pasan dos cosas. Uno es que siento que yo podría confundirme con ellos, o sea como si yo pareciera de 15 o 16. Y la otra es que de repente me siento muy alejada de su edad, porque ahora tengo 10 años más que ellos. Sí, es una contradicción, pero me pasa.

Y me pasa también de pensar que esos pibes no me van a mirar como mujer (no es que quiera tampoco), porque resulta que soy muy grande para ellos...eso es raro. Pasé a ser de otra generación, digamos que siempre lo fui, pero ahora la diferencia se nota. Si yo tenía 20 y salía con uno de 18, bueno, era medio idiota yo y tampoco es que la diferencia de edad era tan grande. Pero imaginate salir ahora con uno de 18...le llevo, 7 años, o algo así, porque nunca fui buena con las matemáticas.

Te das cuenta que cruzaste una barrera cuando estás en una reunión familiar, casualmente cuando festejé hace unas semanas mi cumpleaños. Y madredemí dice abiertamente que cuándo le voy a dar un nieto y vos le decís que  no hay chance, que no tenés con quien. Y ella te dice algo que te va a marcar un antes y un después: "No importa con quién, yo quiero un nieto".

O sea, tu vieja te está diciendo que no le importa con quién y después afirma: "Decile a maridodemí que venga y así tienen un bebé, que se venga y yo le pago un pasaje".

Cuando le cuento a maridodemí, el me dice que le compra un perro a mi vieja , que no tiene problema, yo le digo que le repito a mi vieja, incesantemente que tiene un nieto, que se llama Giuseppe y maulla cuando quiere salir a jugar a la terraza.

Porque yo realmente creo que Giuse es mi hijito. Nos manejamos así. Él me recibe cuando vuelvo de trabajar y cuando me voy le doy un beso en la "frente" y le digo "te amo", porque andá a saber, capaz que me pisa un camión o él se muere asfixiado mordiendo una bolsa de plástico (que tanto le gusta) y yo no le dije que lo amaba como todos los días.

Después de que duerme una siesta en el otro cuarto, yo lo llamo para que no duerma tanto y no haga giladas en las noches y viene y se sube en mi falda, se para de dos patitas y reposa su cabeza en mi hombro...esto es cierto, no estoy inventando. El loco se pone así para que le haga chaschás en la cola, porque le gusta y ronronea como un campeón.

Me llora cuando me estoy bañando, para entrar y mirarme bañarme, saber que estoy ahí. Me llora cuando estoy cocinando y no le muestro qué estoy haciendo, porque yo lo alzo y le muestro las cosas a las que no accede, se las hago oler, etc.

Tenemos una relación definitivamente enfermiza, entonces para qué quiero un pibe? Lo que sí quiero es otro gatito, para que le haga compañía a Giuse, para que Giuse le enseñe de la vida y para que yo pueda disfrutar de esos hermoso momentos de cuidarlos cuando son bebés y se duermen en tu pecho. Pero no puedo porque no tengo mi propio lugar...mi propia casita o mi propio dpto. Y quiero, lo miro a Giuse solito y quiero otro como él. Que no se saque tanto y me muerda por cualquier motivo. Pero no lo hago, porque no puedo.


Se entiende ahora, qué se siente tener 25?

ASÍ YO NO, EL BLOG QUE SI SIGUE CUMPLIENDO AÑOS SE VA A TERMINAR MURIENDO!